¿Cómo bajamos los impuestos?
- La Republicana
- 12 ene 2022
- 3 min de lectura
Esta nota nos da las pautas acerca de la forma de reducir el gasto público y establecer un sistema impositivo que se daría en forma gradual y nos indica cuáles son las situaciones a contemplar para lograr este objetivo.

Por Christian Joanidis
Ingeniero Industrial del ITBA y MBA de la Universidad de Cranfield, Inglaterra. Es profesor de grado y posgrado en reconocidas universidades públicas y privadas, además de haber publicado varios libros relacionados a sus áreas de cocimiento.
Muchas veces, la propuesta liberal de disminuir los impuestos parece chocar contra la realidad de un estado que debe nutrirse de fondos para hacer frente a sus gastos. Parece muy simplista la afirmación de que hay que bajar el gasto público y disminuir los impuestos, pero lo que en la teoría parece una simple ecuación matemática en la realidad requiere algo más que lápiz y papel.
Para definir un plan hay que entender desde donde partimos. Hoy tenemos un estado gigante, que seguramente hay que achicar, pero es imposible hacer eso de un día para el otro. Por eso, la reducción de impuestos debe plantearse de forma paulatina y atravesando estadios intermedios en los que se reorganiza la política tributaria sobre la base de algunos principios.
El primer principio es básico y compartido por la mayoría de las personas: deben pagar aquellos que mejor les va. Esto tiene una componente práctica y es que no se le puede quitar al que no tiene, porque queda claro que a alguien hay que quitarle. Entonces quitémosle al que mejor le va. Tiene una componente ética también, porque el que mejor le va es aquel que más se beneficia de la existencia de un estado que garantiza el orden y el marco en el cual se desarrollan sus actividades. Ningún negocio puede funcionar en la anarquía y al negocio que le va bien se le quita más que al que le va mal. Por eso los impuestos progresivos son lógicos en este contexto en el que tenemos que convivir con una carga impositiva importante.
El segundo principio es el de las externalidades. Una externalidad es un daño que se le causa a la comunidad por desarrollar las actividades cotidianas. Por eso, un negocio que contamina debería pagar más que uno que no contamina. Un auto al circular contamina, por lo que está bien que los autos tributen más que el transporte público. Si el auto en cuestión contamina más que otros modelos, debería pagar más también. Una industria limpia debería tributar menos que una que no lo es. Un producto que viene desde lejos debe tributar más que uno que viene desde cerca.
El tercer principio es que los impuestos deben ser siempre sobre el éxito. Por eso el impuesto a los ingresos brutos es una aberración, porque grava a aquellos que todavía no han ganado nada. Por eso se podría gravar el consumo suntuario, como los autos, las propiedades grandes y las bebidas alcohólicas.
El cuarto principio es que no se debe gravar aquellos servicios privados que reducen la carga sobre los servicios estatales. Por ejemplo, no deben pagar impuestos aquellos que tienen una prepaga o quienes mandan a sus hijos a colegios privados, porque de esa forma se incentiva el uso de servicios privados reduciendo el costo de los servicios estatales y por lo tanto reduciendo el gasto del estado.
En esta línea, la hoja de ruta para reducir los impuestos requiere indefectiblemente una solución intermedia que es reorganizar los impuestos, eliminando aquellos que entorpecen y generan poca recaudación y sustituyendo el IVA y los ingresos brutos por impuestos al consumo suntuario y las externalidades. Porque a todos nos choca que paguen impuestos los alimentos, pero tanto no nos molesta que un whisky importado pague tributos más altos. A todos nos molesta que pague impuestos quien viaja en transporte público, pero no tanto que se graven los autos de alta gama. Es una cuestión de sensibilidad social.
La carga impositiva tiene que ir bajando paulatinamente, sobre todo porque si se reducen los impuestos de los sectores más vulnerables, será posible ir reduciendo los subsidios y entrar en un círculo virtuoso en el que con la reducción de subsidios se puede reducir todavía más los impuestos.
El esquema impositivo final al que nos lleva esta hoja de ruta, es uno en el que solo terminan pagando impuestos aquellos a los que realmente les va muy bien y solo una vez que han obtenido el rédito. O aquellos que causan un daño a la comunidad con su actividad. Claro que si queremos incentivar un crecimiento económico genuino, esos impuestos deben reducirse a su mínima expresión, pero siempre habrá un estado que mantener, lo que puede cambiar es que el estado no lo sostengan los más vulnerables, como efectivamente sucede hoy.



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