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Cuando los jubilados pagan a los bancos y los empleados corren riesgo de calle.

En esta nota Nicolás Unzaga nos habla de cómo ante la imposibilidad de seguir aumentando impuestos que nadie quiere pagar o emitiendo deuda que nadie quiere adquirir, para financiar el creciente déficit fiscal el gobierno populista no para de emitir.




Por Nicolás Unzaga


Ante la imposibilidad de seguir aumentando impuestos que nadie quiere pagar o emitiendo deuda que nadie quiere adquirir, para financiar el creciente déficit fiscal el gobierno populista no para de emitir.

Los pesos emitidos son la base tributaria del impuesto inflacionario (esto es, la pérdida por inflación en el poder adquisitivo del dinero). Quienes más pesos retienen, más impuesto inflacionario pagan.


Para evitar dicha pérdida por la mera tenencia de pesos, los tenedores de dichos pesos huyen (tan rápido y en la cantidad que puedan debiendo dejar solo un saldo para cubrir transacciones) del dinero mediante la compra de bienes, la contratación de servicios o la compra de divisas.


Esta emisión desenfrenada acelera la inflación de precios y la devaluación en el tipo de cambio en función directa al volumen emitido.

Para evitar la inflación y devaluación, el gobierno trata de absorber el excedente de dinero (igual al total emitido menos la parte que se retiene para cubrir transacciones).


Los pesos entonces tienen un retorno negativo igual a la tasa de inflación.

A tal efecto y para secar la plaza, el gobierno emite Leliqs que son como los pesos pero con un retorno positivo igual a la tasa de interés que devengan.


Esto tiene dos efectos:


La suma de dichos intereses se conoce en la jerga económica como déficit cuasifiscal.

Durante el proceso electoral el actual presidente prometió reducir el volumen de Leliqs y con los intereses así ahorrados, incrementar las jubilaciones en un 20% en términos reales.

Veinte meses después se observa que el volumen de las Leliqs no solo no se redujo sino que se cuadruplicó (hoy representa más de cuatro veces el circulante monetario existente al inicio de la gestión) y el nivel promedio de las jubilaciones no solo que no aumentó un 20% como había prometido el presidente actual, sino que se redujo en un 10% en términos reales.

En síntesis, vía menores ajustes se le quita en términos reales dinero a los jubilados para, en términos nominales dárselo a los bancos.

Ese es el primer efecto.

En segundo lugar el cambio de los pesos excedentes por Leliqs cuya tenencia se reserva solo a los bancos, al secar la plaza imposibilita el financiamiento comercial a las empresas. Esto se conoce en la jerga financiera como “crowding-in”.

En razón de ello, las empresas que a la espera de un contexto más promisorio invirtieron en activos fijos (i.e. reales, “atornillados al piso”) financiados por deuda o por emisión de acciones, hoy, por dicho crowding-in no pueden refinanciar sus pasivos ni colocar más acciones. Y mucho menos podrían intentarlo financiándose en el sector externo donde las divisas se tienen que liquidar al tipo de cambio oficial y a la vuelta, por falta de disponibilidad de reservas en el BCRA, para repagar dichos pasivos (vía intereses, amortización de principal o dividendos en el caso de acciones) tienen que readquirir divisas al tipo de cambio libre. La brecha del 90% hace inviable transitar dicho camino.


En el llamado a concurso preventivo de acreedores presentado hoy a la justicia del molino más grande del país (Molinos Cañuelas) en su presentación dice:

Cabe recordar que, en la última década, Molino Cañuelas llevó adelante un importante plan de inversiones, el cual, en gran parte, se cancelaba con un mecanismo de capitalización de la Compañía en los mercados bursátiles local y del exterior mediante una Oferta Pública de Acciones pero, la alta volatilidad que se registraba en ese momento en las principales bolsas del mundo y la performance económica negativa de la Argentina, redundaron en una falta de interés de los mercados que obligó a la Compañía a desistir del proceso.

Esto, sumado a las sucesivas crisis económicas vividas por nuestro país, donde solo durante el 2018 el peso se desplomó más del 50% contra el dólar, obligaron a la Empresa a postergar el pago de ciertos compromisos e iniciar un proceso privado de re-perfilamiento del total de su deuda financiera.

Molinos Cañuelas tiene 3.000 empleados.

Conclusión?

Jubilados más pobres y (como en los frigoríficos con cepo a las exportaciones cárnicas),empleados con riesgo de calle.

 
 
 

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