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¿Es el fin de los partidos políticos?

En esta nota analizamos el final de las estructuras partidarias tradicionales y abordamos porqué que las mismas tienden a desaparecer, para definir que, está en los jóvenes de hoy refundar la política. El desafío es lograr dicha refundación al mismo tiempo que se maximizan los ideales de representación y legitimidad democrática.



Esta Nota está realizada en base al texto de Juan Pablo Luna ¿El fin de los partidos politicos?


Los cientistas políticos repiten como mantra que los partidos políticos son necesarios para la democracia.Los partidos políticos crearon la democracia y la democracia moderna es impensable sin partidos políticos.

Reconozcamos entonces que la democracia representativa, en ausencia de partidos programáticos y relativamente estables, funciona mal .El problema es que querer no es poder.

Armados con aquel dogma, los cientistas políticos han analizado Latinoamérica esperando que los países que no contaban con sistemas de partido institucionalizados los desarrollaran. Chile aún les parece a muchos el paraíso de la institucionalización, la seriedad y la buena política pública. Aquí podemos argumentar que esta visión se basa en un sesgo fundamental. Lo que no quisimos ver es que Chile (y también Costa Rica y Uruguay) se parecían más al pasado que al futuro. En este sentido, los jóvenes de hoy vivirán en sistemas políticos en que los partidos, como los entendemos hoy, serán una especie en extinción. De ellos depende innovar para buscar formatos de organización política que logren reconstituir la representación política y la legitimidad de la institucionalidad democrática.


"En este sentido, los jóvenes de hoy vivirán en sistemas políticos en que los partidos, como los entendemos hoy, serán una especie en extinción. De ellos depende innovar para buscar formatos de organización política que logren reconstituir la representación política y la legitimidad de la institucionalidad democrática,"


Veremos como se ponen en juego la relación de las dinámicas emergentes con el déficit de legitimidad que hoy enfrentan los sistemas de representación democrática en la región y, crecientemente, en el mundo. En la última parte de este artículo se argumenta que los sistemas políticos de la región enfrentan el enorme desafío de intentar generar legitimidad, lo que necesariamente supone la capacidad de sincronizar los tiempos políticos y de la política (si se quiere, los tiempos objetivos), con las necesidades subjetivas de los ciudadanos.

Es interesante notar que los presidentes que resultan electos apoyados por movimientos coyunturales (algunos comenzaron con encuestas que les daban un dígito y terminaron convirtiéndose en el mal menor para una mayoría coyuntural en la segunda vuelta) tienen más dificultades para gobernar que para ser elegidos.


¿ Porqué hoy es tan difícil crear y sostener los partidos políticos?


La institucionalidad democrática, al igual que la legitimidad, se estructura fuertemente sobre la base del tiempo.

Una explicación plausible es que los tiempos sociales y políticos se han comprimido brutalmente. Las lunas de miel de los nuevos gobiernos probablemente sean hoy más breves y más frágiles que en el pasado. Cualquier escándalo que se viralice en las redes sociales alcanza para acortar el período de gobierno que la ciencia política reconocía como clave para asentar a un gobierno y avanzar en su programa. Las redes sociales y la irrupción de lo que Bauman (2013) popularizó como la modernidad líquida tienen sin duda un impacto significativo en la compresión temporal. A modo de ejemplo, mientras usted lee este párrafo se han publicado solo en Twitter 30.000 comentarios, varios de los cuales tienen contenido político. Dada la penetración de las redes sociales en la vida de los jóvenes contemporáneos, es dable esperar que la liquidez de la política y los fenómenos que a ella se asocian aumente con el paso del tiempo. A través de su accionar en las redes sociales, los jóvenes de hoy pueden ser muy políticos, pero, al mismo tiempo, pueden ser políticos sin involucrarse en organizaciones políticas tradicionales.


«Cualquier escándalo que se viralice en las redes sociales alcanza para acortar el período de gobierno que la ciencia política reconocía como clave para asentar a un gobierno y avanzar en su programa »


Otros procesos sociales son también claves para entender los contornos actuales de la política. La irrupción de las encuestas y la medición permanente de la popularidad de actores y propuestas también comprime el tiempo. En la política del pasado, los líderes buscaban implementar su programa y trabajaban con un elenco de su confianza. Si bien recibían señales mediante la penetración social que poseían sus aparatos partidarios desplegados en el territorio, dichas señales llegaban con filtros, con sesgos, y eran en todo caso menos nítidas que el porcentaje de aprobación obtenido en la medición semanal.


Si la compresión temporal es relevante, también lo es la segmentación territorial y socioeconómica del electorado. Dada la fuerte desigualdad económica que predomina en América Latina, los ciudadanos de distinto nivel social viven en universos paralelos. Eso permite a los partidos desplegar estrategias electorales diferentes y a veces contradictorias en los distintos sectores sociales y, al mismo tiempo, lograr ser competitivos en todos. En otras palabras, los partidos políticos son capaces de implementar estrategias altamente segmentadas con el objetivo de movilizar electoralmente a distintas bases sociales, particularmente en contextos de alta desigualdad social.

La aguda segmentación que hoy exhiben las campañas electorales da cuenta de la desaparición casi completa de lo que alguna vez caracterizó a los partidos: una plataforma programática, una identidad partidaria, un mensaje claro hacia los votantes.


¿Hacia un déficit `permanente de legitimidad social?


Desde hace unos años los comentaristas políticos de la región acusan la falta de relato en las campañas electorales. Los discursos son, en cambio, una colección amorfa de anuncios segmentados que interesan a públicos específicos. Son también un conjunto de declaraciones políticamente correctas que intentan satisfacer el hambre de algunos votantes sin, ojalá, alienar a otros. En la sociedad actual, en que la legitimidad es la nueva utopía (así de inalcanzable se ha vuelto), los discursos de campaña no podrían ser otra cosa. Lo que sí debe quedar claro es que en este contexto social es cada vez más difícil construir partidos políticos que, mediando entre el Estado y la sociedad, logren sincronizar los tiempos y producir legitimidad.


¿Se puede hacer algo?


Podemos denotar dos cosas América Latina se ha caracterizado en las últimas décadas por la creación y rápida desaparición de partidos políticos. Según una estimación muy antigua de Coppedge (1998), hacia fines de los años noventa un 95% de los partidos latinoamericanos habían competido en una elección para luego desaparecer

Además dos tesis doctorales sugieren que los partidos tradicionales están en extinción en la región y que las condiciones «Las organizaciones partidarias potentes y omnipresentes que muchos añoran también se desarrollaron al amparo de una gestión estatal que hoy calificaríamos de corrupta y económicamente insostenible » para el surgimiento de un partido político, y su supervivencia como una organización dinámica y perdurable, tiene muy poco que ver con incentivos institucionales.

También es claro que los partidos políticos tradicionales, admirados muchas veces por sus altos niveles de institucionalización y por la fuerte identificación que generaban con el electorado, se desarrollaron en un contexto de expansión de los aparatos estatales nacionales. Los Estados grandes (y muchas veces ineficientes en términos económicos) constituían una caja fundamental para el financiamiento de la actividad partidaria.


«Las organizaciones partidarias potentes y omnipresentes que muchos añoran también se desarrollaron al amparo de una gestión estatal que hoy calificaríamos de corrupta y económicamente insostenible


Nadie pretende volver a un pasado no democrático y en el que primaban el cohecho y la corruptela generalizada para poder reconstituir partidos políticos funcionales para la democracia. ¿Para qué nos sirve conocer aquellas regularidades empíricas entonces? Nos sirve para entender que muchas características partidarias que hoy parece deseable emular fueron gestadas y tienen su raíz en condiciones históricas que nos resultarían invivibles. En otras palabras, ni todo lo bueno va junto, ni haciendo las cosas bien hoy generaremos necesariamente procesos virtuosos en el futuro. En definitiva, está en los jóvenes de hoy refundar la política. El desafío es lograr dicha refundación al mismo tiempo que se maximizan los ideales de representación y legitimidad democrática.

 
 
 

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