¿Qué hace falta cambiar en la Educación Pública?
- La Republicana
- 7 sept 2021
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En esta nota Mariano Narodowski nos explica cuáles son las medidas que deberían tomarse para generar un cambio en la educación pública, por el cuál se lograría una mayor capacidad de enseñanza y de financiación de las escuelas públicas.

Mariano Narodowski académico, docente de la Universidad Torcuato Di Tella, pedagogo e investigador argentino. Publicó muchos libros entre los que se encuentra Infancia y poder. La conformación de la pedagogía moderna.Fue ministro de Educación de la Ciudad de Buenos Aires (2007-2009). Es miembro académico del Consejo Nacional de la Calidad de la Educación de la Argentina y del Consejo Asesor de la Organización de los Estados Iberoamericanos pa aara la Educación, la Ciencia y la Cultura
En este capítulo de su libro “ El Colapso de la Educación “ Mariano Narodowski nos trae los principales argumentos acerca de porqué las políticas educativas deben privilegiar la enseñanza pública y nos introduce en las líneas que deberían seguirse para lograr un cambio en la educación en Argentina.
En un primer paso hace un balance realista de la situación de las escuelas argentinas y considera que las mismas no escapan a la realidad del país. Existen escuelas en las cuáles hay docentes comprometidos y responsables en dónde se destaca la innovación, y otras aburridas y burocráticas dónde la tercera parte de los docentes en muchas oportunidades está ausente.
En realidad, considera que las escuelas argentinas tienen dos realidades, aunque en diferentes dosis, todas son innovadoras y a la vez conservadoras. Todas son responsables, pero también livianas en muchas decisiones y tareas.
Pero si de algo está seguro, luego de visitar las escuelas, es del alto potencial pedagógico que tienen nuestras escuelas, el que muchas veces se transforma en acto. No es que sostenga que los docentes no tengan que mejorar, pero en todo caso para ello, entiende, que necesitan reglas de juego claras y valiosas que lo ayuden a crear mayor valor educacional. Los docentes que tenemos hoy son los que tenemos y formar otros llevaría al menos dos décadas. Considera que la moda actual de decir que necesitamos docentes con “más entusiasmo” elude el hecho de contemplar las situaciones de una escuela pública empobrecida y degradada,
Por esto explica que el problema en la Argentina no está en los recursos humanos, ni en su capacitación, el problema es la manera anquilosada y nociva en las que se organizan las escuelas desde hace más de cien años que estimula el lado conservador por sobre el innovador, y el lado descomprometido por antes que el compromiso efectivo. Estas viejas reglas, son las que generaron, con el tiempo identidades muchas veces condenadas al resentimiento, al aburrimiento o a la resignación de las familias, los docentes y hasta de los alumnos.
Y se pregunta ¿por qué poner las esperanzas en la escuela pública? La primera y principal ventaja de la escuela pública en el siglo XXI y el argumento que las justifica frente a las nuevas formas de transmisión del conocimiento es la posibilidad de integración social. En segundo lugar, la escuela pública es de acceso universal, lo que significa que a nadie se le puede negar la escolarización gratuita, aceptando el hecho de que todos los sujetos son educables. En tercer lugar los conocimientos que se transmiten en la escuela pública, así como las modalidades didácticas que allí se utilizan están basadas en una suerte de eje ancho y flexible, aunque bien delimitado, lo que llamamos zócalo común, que incluye el respeto a todas las singularidades, con la condición de que ninguna se pretenda universal, excluyendo abordajes dogmáticos y/o totalizadores, sin importar la naturaleza ideológica, religiosa, política o cultural, entre otras.
En todos los países democráticos ese zócalo es siempre la consecuencia de arduos debates de todo tipo y los consensos son un equilibrio relativamente estable de todos los sectores de la sociedad.
Como consecuencia de estas tres cuestiones, gratuidad con distribución estatal de los recursos, la universalidad y el zócalo común no dogmático entran en juego de manera vigorosa dos elementos determinantes de la escuela pública que son imprescindibles tanto para la vida democrática como para el desarrollo económico, ellas se traducen en mayor cohesión social y mayor equidad.
En Argentina la escuela pública que tenemos no es la que queremos, como así también la escuelas privadas no son lo que deberían ser.
Una escuela pública exclusiva para los pobres mientras que los sectores medios y altos se segregan en la educación privada no es la realidad que queremos vivir…Por eso la reconstrucción de la educación pública es necesaria para restituir la confianza de estos sectores medios y altos para que vuelvan a preferirla y así generar un proceso de desegregación social.
Esa reconstrucción supone una revolución copernicana en la educación pública cuyo centro estelar ya no serían los Ministerios de Educación y sus estructuras jerárquicas, sino las escuelas mismas para ello las instituciones escolares deberían contar con autonomía financiera y en la toma de decisiones y en tener responsabilidad por su actos. Se trata de proyectar la escuela pública en unidades de decisión y no como terminales burocráticas de una estructura jerárquica.
Ello supone un cambio de lógica de los gobiernos para que garanticen lo que hasta ahora no han podido asegurar, recursos necesarios para las escuelas, una supervisión eficaz y una evaluación precisa de los resultados obtenidos.
Y aquí surge la primera pregunta ¿ la administración escolar debe ser central dependiente de los Ministerios Públicos Provinciales, o ser municipal o bajo el control de los Consejos Escolares? La segunda pregunta en ¿ el financiamiento debe depender de los recursos provinciales que provienen de la coparticipación federal, lo que produce una manifiesta inequidad o la unidad de financiamiento debe ser cada alumno independientemente del lugar donde vive,
La escuela como unidad de decisión necesita de equipos reflexivos, innovadores, con capacidad estratégica. Según Narodowski, con mayor autonomía de las escuelas, combinada con mayor capacitación, recursos y evaluación, mayores serían los resultados obtenidos y mayor la responsabilidad.
La mejor forma de trabajar en las escuelas es que tengan autonomía para tomar decisiones pedagógicas, administrativa y financiera con recursos propios y que rindan cuentas de los resultados que obtienen y la forma en que trabajan, La idea de que un docente individualmente y con todos los condicionantes va a lograr resultados es de una ignorancia supina y un desconocimiento total de cómo funcionan las escuelas reales
Uno de los inconvenientes que atraviesa a la escuela pública es que no pueden elegir a los docentes como en las privadas y esto dificulta la formación de equipos de trabajo, esta situación se puede revertir si existe voluntad política.
Es obvio que con la autonomía de las escuelas no se terminan los problemas sino que se identifican genuinamente y no burocráticamente, esto no significa que se mercantilice pero si que los directores no pueden seguir gestionando como en 1950.
Por otro lado si las escuelas no son unidades de decisión ¿para qué evaluarlas?. En Argentina hace ya muchas décadas que la política de Estado en materia educativa se basa en la centralidad de los gobiernos y en la irrelevancia y el desprecio por la realidad de las escuelas. Escuelas impermeables y funcionarios impermeables ¿ qué podría salir bien? Esta maraña de gestión de las políticas públicas hacen que los recursos no lleguen debidamente a las escuelas, de hecho a los establecimientos educativos no les está permitido manejar fondos, por lo que las decisiones al respecto las toma el Ministerio de Educación aunque la carencia o los malos gastos lo paguen los alumnos.
¿ Cuánto cuesta una educación de calidad para todos? Saberlo es una de las primeras tareas de un gobierno para que pueda producir un cambio al respecto.
El giro copernicano operado por un nuevo modelo político educativo con autonomía de las escuelas con más poder para educar es lo que dará lugar a la articulación de nuevos actores políticos y sociales de la educación.



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